una última conversación.
dejarlo con quien creías que era el amor de tu vida
Los días pesan más de lo normal, piensas más que hablas y tu tiempo en Instagram se dispara al releer vuestras últimas conversaciones y sobreanalizar cada detalle. Ver si esto era lo mejor que podías hacer sabiendo que un día fue tu miedo más grande, pero que se desvanecía esas últimas semanas, intentando ignorar esa espinita que te decía que no todo iba a salir como lo planeado— y lo peor, no poder contárselo a quien más emoción te hacía, tu mejor amigo, tu (casi) novio, el chico que pensabas que te iba a acompañar toda una vida.
Y honestamente no me hubiese importado. El tiempo con el se pasa volando— es tan divertido, tan guapo… si tan solo me hubiese querido desde un principio y no querer solucionar las cosas deprisa y corriendo. «Una última oportunidad y te daré todo lo que no pude.» Quizás debí aceptarla, quizás hubiese cambiado de verdad. No lo sé, nunca lo sabremos. Fue medio año desde que nos conocimos. Seis meses. De hecho que justo se cumple cuando estoy escribiendo esto.
Le pusimos nombre a nuestros futuros hijos: Mateo y Emilia. Nunca se me olvidará como por una vez se me iluminaba la idea de tener un parásito en el abdomen, solo porque era nuestro, un mini nosotros. Por una vez me sentí amada, respetada, no solo burlada o admirada por el físico. Siento que alguien me vio desde dentro, y solo quería conocerme más; ver de que color era mi alma, ver de que manera agarraba los lápices, siempre me dicen que lo cojo de forma rara; como se me caen los mechones del flequillo en la cara, y como siempre hago ese gesto característico de darme una palmada en el pecho, señalarme y sonreír cuando estoy orgullosa de mi misma. Cosas que absolutamente nadie ve y solo él las quería contemplar; pero él ya no está. Yo le alejé.
¿Pensaba que era lo mejor, vale? No me quiero excusar de mis acciones, y cada vez que me insiste le digo que pare, porque recuerdo que la lista de aspectos negativos siempre fue más larga que la de los positivos…pero le amaba tanto. Le pedía tantas veces al universo que si de verdad me pertenecía que se quedase, pero que si no era el caso, lo apartara sin que me doliese. No me hizo mucho caso porque cada vez que pienso en él siento como el corazón se me rompe a cachitos más pequeñitos que los anteriores.
Me he vuelto a morder las uñas. Y a poner siempre el no molestar. Me escriben más hombres a los mensajes directos, pero no quiero a nadie más. Le quiero a él. Y sé que suena desesperado y nunca me habría visto en esta situación, pero espero o que vuelva o que esto se pase rápido. Me eligió el color de las uñas veinte veces, y la única cosa que se me ocurría no enseñarle era el vestido de novia. Lo sabía todo sobre mí; me vio desnuda, aunque no físicamente.
Quizás en otra vida, quizás en otro momento. Si no se ríe en mi cara por cambiar de opinión tan rápido. Espero que no piense que soy estúpida. Espero que siga siendo su niña preciosa. La mujer de su vida. Todas las cosas que una vez me llamó y me las tatué en el corazón para siempre. Espero que aunque las cifras de seguidos que han subido a su perfil sean mujeres, espero que no me olvide y como hizo que una chica se sienta tan ilusionada, tan nerviosa, con tantos nervios en la tripa.
Sé que hablo de lo mismo, muchas veces, y que la mayoría de escritos son sobre estas situaciones. Ni yo misma comprendo como a veces puedo llegara sufrir por alguien más, pero no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Realmente nunca había sentido tanto daño por nadie y, espero que se desvanezca poco a poco. Aunque sé que eso no es lo que quiero.
Porque muy en el fondo, quitando capas de piel y del corazón mismo, reside un poco de esperanza. De que esto es un mal sueño y pronto despertaré en sus brazos, con la cabeza en su hombro, que me permite ver el tatuaje de su cuello tranquilamente, sin tener que ser disimulada. Le dejé, pero, ¿a qué costo, si el ya no es capaz de verme feliz? ¿Y si justo el día siguiente me venía a traer flores?
Sólo hice lo que creía mejor para los dos.


